lunes, enero 15, 2007

Los anteojos de Dios.



Leyendo el post de Sarsillo.....

http://pensandoconelcorazon.blogspot.com/2007/01/otra-vez-se-apag-la-luz.html

me acordé de esta historia:

Un empresario que acababa de fallecer y camino al cielo

esperaba encontrarse con el Padre Eterno, no iba nada

tranquilo porque en su vida había realizado muy pocas

cosas buenas. Mientras llegaba al cielo iba buscando en su

conciencia ansiosamente aquellos recuerdos de cosas

valiosas que hizo en su vida, pero pesaban mucho sus años

de explotador y usurero.

Había encontrado en sus bolsillos del alma unos pocos recibos

"Que Dios se lo pague", medio arrugados y amarillentos por lo viejo.

Fuera de eso, bien poca cosa más.

Pertenecía a los ladrones de levita y galera, de quienes comentó

un poeta: "No dijo malas palabras, ni realizó cosas buenas".

Llegó por fin a la entrada principal, muy preocupado, no lo podía disimular.

Se acercó despacio y le extrañó mucho ver que allí no había

cola para entrar ni había nadie en las salas de espera.

Pensó: "O aquí viene muy pocos clientes o les hacen entrar

enseguida...". Avanzó más adentro y su desconcierto todavía

fue mayor al ver que todas las puertas estaban abiertas y no

había nadie para vigilarlas. Golpeó la puerta con el puño.

Nadie contestó. Dio una palmada y nadie salió a su encuentro.

Miró hacia dentro y quedó maravillado de lo hermosa que

era aquella mansión, pero allí no se veían ni ángeles ni

santos ni doncellas vestidas de luz. Se animó un poco más y

avanzó hasta llegar a una puerta acristalada.Y nada.

Se encontró perfectamente en el mismo centro del paraíso

sin que nadie se lo impidiera. "¡Aquí todos deben ser

gente honrada!¡Mira que dejar la puerta abierta y sin nadie

que vigile...!".Poco a poco fue perdiendo el miedo y fascinado

por lo que veía se fue adentrando en los patios de la gloria.

Aquello era precioso. Como para pasarse una eternidad

mirando el mismo lugar.

De pronto, se encontró entre algo que tenía que ser del

despacho de alguien muy importante. Sin duda era

la oficina de Dios.

Por supuesto que también estaba la puerta de par en par.

Titubeó un poquito antes de entrar; pero en el cielo todo

termina por inspirar confianza.

Así que penetró en la sala y se acercó al escritorio, una mesa

espléndida. Sobre ella hacía unos anteojos, que él comprendió

debían ser los anteojos de Dios. Nuestro amigo no pudo resistir

la tentación de echar una miradita hacia la tierra con aquellos

anteojos. Fue ponérselos y caer en éxtasis. "¡Qué maravilla!

Si desde aquí, con estas gafas veo toda la tierra..!".

Con aquellos anteojos se lograba ver toda la realidad profunda

de las cosas sin la menor dificultad, las intenciones de las personas,

las tentaciones de los hombres y de las mujeres.

Todo estaba patente ante sus ojos. Entonces se le ocurrió

una idea. Trataría de buscar desde allá arriba a su socio,

que sin duda estaría en la empresa donde ambos trabajaban;

una especie de financiera, desde donde ejercían la usura

y hasta el robo, en muchas ocasiones. No le resultó difícil

localizarlo, pero le sorprendió en un mal momento. En ese

preciso instante, su colega, estaba estafando a una pobre

anciana que había ido a colocar sus ahorros en aquella empresa,

en un fondo de pensiones que no era sino una mentira.

A nuestro amigo, al ver la cochinada que su socio estaba haciendo

le subió al corazón un profundo deseo de justicia.

En la tierra nunca había experimentado tal sentimiento.

Pero, claro, ahora estaba en el cielo.

Fue tan ardiente ese deseo de justicia que, sin pensar en

otra cosa, buscó a tientas algo debajo de la mesa para

lanzárselo a su amigo (el banquillo donde Dios apoyaba

los pies), con tan buena puntería que el banquillo fué

a parar a la cabeza de su socio, dejándole tumbado

allí mismo. En ese momento nuestro hombre oyó tras de sí

unos pasos. Sin duda era Dios. Se volvió en efecto, se encontró

cara a cara con el Padre Eterno.

-"¿Qué haces aquí hijo?"

- "Pues..pu..pu..la Puerta estaba abierta

y entré"

-"Bien, bien, bien, pero sin duda podrás explicarme dónde

está el banquillo en que apoyo mis pies cuando estoy

sentado en mi mesa de trabajo"


Reconfortado por la mirada y el tono de voz de Dios fue

recuperando la serenidad.


- "Bueno, pues, yo he entrado en este despacho hace un

momento, he visto los anteojos sobre la mesa y he caído en

la curiosidad de ponérmelos y he echado una miradita al

mundo".


-"Sí, sí, todo está muy bien; estás siendo muy sincero conmigo

pero yo quisiera saber qué has hecho de mi banquillo".


-"Mira, Señor, al ponerme tus anteojos he visto todo

con gran claridad y he visto a mi socio. ¿Sabes, Señor?,

estaba engañando a una pobre anciana, haciendo un negocio que

era un engaño y me he dejado llevar de la indignación; y claro

lo primero que he encontrado y a mano ha sido un banquillo

y se lo he tirado a la cabeza. Lo he dejado KO, Señor. Es que no hay

derecho. Era una injusticia."


- "Imagínate que yo, cada vez que veo una injusticia en la tierra

comienzo a lanzar banquillos a la cabeza de los hombres;

no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme

de proyectiles.


- "Perdóname, Señor, he sido muy impulsivo, lo sé..."


- "Sí, claro. Estuvo bien que te pusieses mis anteojos, hijo,

pero para mirar la tierra y a los hombres te olvidaste de una cosa,

ponerte también mi corazón.

Solo tiene derecho a juzgar el que tiene el poder de salvar."

-" Vuelve ahora a la tierra y te doy otros cinco años para que

practiques lo que esta tarde aquí has llegado a comprender..."


Y nuestro amigo, en ese momento se despertó, mojado en sudor,

observando que por la ventana entreabierta de su dormitorio entraba

un espléndido sol.

HAY HISTORIAS QUE PARECEN SUEÑOS.

Y SUEÑOS QUE PODRIAN CAMBIAR LA HISTORIA.

4 comentarios:

Tanhäuser dijo...

A veces nos creemos con derecho de juzgar a los demás.
Precioso relato y una ilustración más que adecuada.
Saludos

pensando con el corazon dijo...

Gracias Dulce!!!!!!

No conocía la historia y me parece realmente preciosa... y me quedo con "Hay historias que parecen sueños y sueños que podrían cambiar la historia"

Un fuerte abrazo

Sarsillo

almena dijo...

Intento recordar siempre:
"no juzgar ni juzgarme"

Precioso tu relato. Para reflexionar.

Un beso!

Natalia dijo...

muy lindo, yo ya lo habia leido
estoy en sexto de escuela y hoy leimos este texto pero mas largo (tengo 10 años)
.Igual me gustaria que me consiguieran la idea... central de este texto.Hermoso relato gracias por todo