viernes, febrero 15, 2008

EL ÁNGEL CARACOL



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Hay una vieja fábula oriental que cuenta la llegada de un caracol al cielo. El animalito había venido arrastrándose kilómetros y kilómetros desde la tierra, dejando un surco de baba por los caminos y perdiendo también trozos del alma por el esfuerzo. Y al llegar al mismo borde del pórtico del cielo, San Pedro le miró con compasión. Le acarició con la punta de su bastón y le preguntó:

«¿Qué vienes a buscar tú en el cielo, pequeño caracol?»

El animalito, levantando la cabeza con un orgullo que jamás se hubiera imaginado en él, respondió:

«Vengo a buscar la inmortalidad.»

Ahora San Pedro se echó a reír francamente, aunque con ternura. Y preguntó:

«¿La inmortalidad? Y ¿qué harás tú con la inmortalidad?»

«No te rías -dijo ahora airado el caracol-. ¿Acaso no soy yo también una criatura de Dios, como los arcángeles? ¡Sí, eso soy, el arcángel caracol!»

Ahora la risa de San Pedro se volvió un poco más malintencionada e irónica:

«¿Un arcángel eres tú? Los arcángeles llevan alas de oro, escudo de plata, espada flamígera, sandalias rojas. ¿Dónde están tus alas, tu escudo, tu espada y tus sandalias?»

El caracol volvió a levantar con orgullo su cabeza y respondió:

«Están dentro de mi caparazón. Duermen. Esperan.»

«Y ¿qué esperan, si puede saberse?» , arguyó San Pedro.

«Esperan el gran momento» , respondió el molusco.

El portero del cielo, pensando que nuestro caracol se había vuelto loco de repente, insistió: «¿Qué gran momento?»

«Este» , respondió el caracol, y al decirlo dio un gran salto y cruzó el dintel de la puerta del paraíso, del cual ya nunca pudieron echarle.

Esta gloriosa fábula, que recoge Kazantzakis en su magnífica biografía de San Francisco de Asís, me parece una de las mejores historias que conozco sobre la dignidad humana. ¿O acaso no seremos nosotros más que los caracoles? Pasa el hombre sus horas arrastrándose por los caminos del mundo, ¿Y deja algo más que baba? Si medimos las horas de los hombres, hay en ellas mucho más de mediocridad que de heroísmo. Se diría a veces que nuestras manos se construyeron para equivocarse, que de ellas sólo sale dolor para los demás y cansancio para sus propietarios. Débiles como caracoles, cualquiera podría pisotearnos y reventaría nuestra existencia como la débil concha de los gasterópodos. ¡Y cuánto nos domina el miedo! ¡Cuántas veces nos arrinconaríamos dentro de nosotros mismos si contáramos con esa concha protectora en la que refugiarse!

Y, sin embargo, dentro están nuestras armas: Las alas de oro de la inteligencia, el escudo de plata de la voluntad, la lanza viva de la palabra, las sandalias rojas. del coraje. Están ahí, dentro, dormidas, casi sin usar. ¡Qué pocas veces desenvainan los hombres sus almas! Las tienen, son enormes y magníficas, resistentes al dolor, literalmente invencibles. Pero anestesiadas, atrofiadas de grasa, mojadas como paja que humea y no arde. (Frase )

Duermen, pero también esperan, En el más amargado de los seres humanos flamea una bandera de esperanza. No sabe por qué espera, pero espera. Incluso cuando todo parece estar perdido, la niña esperanza grita que tal vez mañana cambie todo. No hay más razón que ese hermoso «tal vez»; no hay más base para confiar que esa palabra que a mí me parece la más hermosa de nuestro idioma: todavía. Todavía Dios nos ama, todavía estamos vivos, todavía puede el mundo cambiar, todavía alguien va a querernos, todavía, todavía. Con esa palabra en la mano el hombre es inmortal e invencible. Quienes la practican jamás envejecen. Y es ese todavía el que nos da fuerza para arrastrarnos hasta las puertas del cielo, para llegar hasta ellas con orgullo.

Este orgullo de ser hombres no puede ser pecado, a no ser que se trate de un orgullo tan tonto que empieza por renunciar a su mejor raíz: la de pertenecer a la gran estirpe de los hijos de Alguien. Somos los «arcángeles hijos». Y no es lo importante la baba que se dejó por los caminos, sino el alma, que ningún camino nos podrá arrebatar si nosotros no nos resignamos a perderla.

Con ella tendremos derecho no a mendigar la eternidad, sino a esperarla, casi a exigirla. Si San Pedro nos juzga por el barro acumulado sobre nuestros caparazones, tendrá todas las razones del mundo para acariciarnos con compasiva ironía con la contera de su bastón:

«¿Tú, pobre criatura, te atreves a esperar la eternidad? ¡Reventarías, estallarías al entrar en ella, como los aviones al traspasar la barrera del sonido! Tú, con ese pobre fuselaje de una conchita de miseria, has nacido, cuando más, para el limbo.»

No estés seguro, San Pedro: el alma del hombre es incombustible. Se construyó -no para el tiempo, sino para la eternidad- dura como el diamante.

Pero falta, eso sí, el gran salto. Sólo se realizan y se salvan los atletas, los que se atreven a vivirse, los que cada mañana y cada tarde saltan desde el sueño a la existencia. De ésos será el reino de los cielos y lo mejor del reino de la tierra: la alegría.

Animo, hermanos caracoles: las alas, el escudo, las sandalias y la lanza están dentro. No se ven, pero esperan. Los caracoles-atletas mostrarán un día los arcángeles invisibles que eran. Sólo falta saltar; hermanos caracoles.



Marmol o cuero...



El hijo de cierto competente hombre de negocios mostraba signos de gran preocupación. Acostumbrado como estaba a detectar problemas, el padre lo invitó a almorzar para charlar a sólas y conducirlo a contarle lo que le sucedía. Indagó, que en efecto, las cosas no marchaban bien: Su carrera, su trabajo, sus relaciones, estaban llenas de trabas y el joven se sentía acorralado e impotente.

- No sé cómo superar los obstáculos -confió - y no por debilidad, puedo asegurarlo. No conozco muchos más duros que yo, y sin embargo siento que retrocedo en vez de avanzar.

- Querido hijo, la dureza no lo es todo - sonrió el experto - el mármol es duro, pero si lo golpeas con un mazo se rompe en mil pedazos. Lo que importa no es ser duro, sino ser fuerte. El cuero es blando pero a la vez fuerte, por más que lo martilles no se romperá. Prueba enfrentar las dificultades y desafíos con resistencia, pero tambien con flexibilidad, y pronto verás los resultados.

JUVENTUD....

Imagen tomada de....


Juraría que el mundo no seria igual sin la locura de los jóvenes. Ese retozar, esa alegría que causamos en cada palabra, en cada instante, en cada forma y en cada sentido. Ese mismo que quiere cambiar el mundo solo, ese que no se quiere quedar atrás, ese que quiere seguir adelante.


Oportunidades hay muchas, y ganas también. Curioso pero cierto, somos los que por “inexperiencia” y ganas incluidas, nos exponemos a mas riesgos, y casi siempre salimos bien. No es por presumir pero nosotros los jóvenes tenemos las fuerzas que muchos necesitan, es que el único sentido es seguir adelante.


Veo entusiasmo en mucha gente, esas mismas ganas de joven, esos deseos de crear un mundo nuevo, un mundo justo, un mundo sin mediocridad, es que ser joven no es una cuestión de edad, es un asunto de espíritu, es una relación de dos a uno. Ser joven es tener las ganas de luchar, de defender lo nuestro, de buscar nuevas oportunidades, de seguir adelante.


Esta parte es fundamental. Una etapa de reflexión para hacer las cosas mejor, para seguir haciendo arte, para seguir provocando a la cultura, para vernos envueltos en coloridos pasacalles, en mesas de reflexión y en dinámicas grupales, para seguir estudiando, trabajando, divirtiéndonos, y desafiando la realidad, para seguir adelante.


No hay más que decir, somos lo máximo. Por eso despierta, abre tus alas, e intégrate al mundo, únete al reto: “Seguir creando nuevas oportunidades, seguir forjando nuestro futuro asumiendo el reto de la política, tomando el poder para seguir adelante”.


miércoles, enero 30, 2008

Sharbat Gula



Detrás de estos OJOS VERDES , los mas impresionantes que jamás he visto , se esconde una historia tremendamente conmovedora.....





Las dos caras de dieciocho años de guerra.


En 1984, en el campo de refugiados de Nasir Bagh, en la frontera con Pakistán, Steve McCurry toma el retrato de una joven afgana, huérfana en un pueblo bombardeado por los soviéticos.

El encuentro sólo dura un cuarto de hora, no le pide su nombre, apunta sólo la edad: doce años.

Pero la imagen, publicada en el "National Geographic" en junio de 1985, va a vivir su propia vida.

Reproducida decenas de veces en diversas revistas, esos ojos verdes van a volverse los de todos los niños de la guerra, en Afganistán o donde sea.

McCurry intentará encontrar a la niña, tras una búsqueda de dieciocho años, llena de rumores que la convierten en un símbolo: se dice que es modelo, profesora de inglés de la familia de Ben Laden y buscada por la CIA.

Se llama Sharbat Gula, tiene treinta años, tres niños y una existencia en medio de guerras sucesivas.

El segundo retrato es más problemático.Hace falta verificar que los ojos verdes de Sharbat eran los mismos que los del primer retrato.Todos los medios han sido utilizados para este fin: un método de "reconocimiento de las características faciales", empleado por el FBI, luego un programa informático que permite identificar las personas buscadas en los aeropuertos americanos y por fin un análisis científico de los iris. " AL 100 % ES ELLA ".

Entonces, la imagen tiene derecho a la palabra.

Cuenta que su burka, el velo integral de las mujeres afganas, está presente en su vida, que la paz que los talibanes aportaron a este país sin ley y los bombardeos americanos la han entristecido


Texto aparecido en el diario "Liberation"






LOS OJOS DEL ALMA Diapositiva 1PPS.


Los ojos del alma ha querido ser un pequeño homenaje a tantas mujeres que , en cualquier parte del mundo, sufren en silencio, callan el dolor y cambian la vida.


Composición ORIGINAL de Julián Martín Martín,
sacerdote diocesano de Ciudad Real
y la traducción de textos de la Pagina Web
de National Geographic por Eva María Martín.


(Si ves interesante el contenido de este mensaje y piensas que unos ojos de mujer pueden reflejar lo que su alma siente, envía este mensaje a todos tus amigos y amigas y entre todos haremos posible que los derechos de la mujer se reconozcan.)

Gracias.


Creo que vale la pena entrar en algunos de los siguientes enlaces ,
si os interesa saber más sobre la historia:



**palabrearte national geographic** Steve Mccurry (1950)


Los ojos siempre serán el espejo del alma...


"La mirada como reflejo de muerte,
la mirada como reflejo de vida.
Y cuando se ha crecido como Sharbat,
con la mirada en la guerra,
se termina con la guerra en la mirada."


martes, enero 29, 2008

El pozo del desierto

Es una leyenda antigua contada por los monjes del desierto. En los confines de Tebaida, había un pozo que apagaba la sed de todos los peregrinos que pasaban por allí. Lo más curioso de ese pozo era que el que bebía de su agua no volvía a tener sed. El problema era que nadie sabía exactamente dónde estaba el pozo.

No obstante, un día, un investigador de los archivos monásticos encontró, entre muchas cosas, un mapa antiguo que hablaba de ese pozo y lo localizaba. Sin contárselo a nadie, el investigador escondió el mapa para que nadie más supiera de su existencia y se puso a caminar, desierto adentro, a la búsqueda del pozo. Pero pasaron los días… y el hombre nunca más volvió. ¿Qué habría acontecido?

Algunos años más tarde, otro sabio encontró por azar el mapa escondido, y también él lo escondió de nuevo, y se aventuró solo a la búsqueda del deseado pozo. Pero tampoco él volvió jamás. Y una vez más la historia del pozo que apagaba la sed de todo el mundo cayó en el olvido.

Dice la leyenda que la historia se repitió varias veces, hasta que el mapa fue a caer en las manos de un pobre trabajador. Sorprendido con la novedad, en vez de esconder el mapa, habló de él a toda la gente y del pozo escondido que apagaba la sed. La novedad era tan grande que las personas no se lo creían. ¿Un pozo que apaga la sed? ¿Quién se lo va a creer?

No obstante, un pequeño grupo estudió cuidadosamente el mapa y llegó a la conclusión de que el mapa parecía autentico. Y si el mapa era verdadero, ¿Por qué no podía ser verdadero el pozo? Se juntaron en un grupo y decidieron ir a la búsqueda del pozo. Se prepararon para el viaje y, un buen día, se pusieron en camino desierto adentro. El viaje fue duro y difícil, pues el sol del desierto no perdonaba. Pero como iban en grupo, se ayudaban los unos a los otros compartiendo la poca agua que llevaban.

Después de largos días de viaje, cuando el desierto parecía no tener fin, avistaron el pozo. Era verdad: el pozo no era un espejismo. Pero, ante el asombro de todos, vieron junto al pozo centenares de esqueletos humanos. Se acercaron, miraron dentro del pozo y vieron que no se habían equivocado: abajo el agua brillaba. El problema era que no tenían con que sacar el agua. Por eso, todos los que antes habían buscado el pozo todos habían muerto de sed. Entonces el grupo se sentó a reflexionar sobre cómo sacar el agua del pozo. No tenían ni cuerda ni cubo y el pozo era profundo. Entonces, con las ropas que tenían hicieron una cuerda larga, ataron en la punta un botijo y lo llevaron al fondo del pozo. Y todos pudieron beber del agua del pozo. La verdad era que, después de beber, nunca más tuvieron sed.



"Cuando nosotros damos las manos,
unimos las fuerzas y creamos comunidad,
no hay fuente que no podamos alcanzar
ni sed que no se pueda matar."